La incrustación dental es un tratamiento odontológico empleado para reconstruir parcialmente piezas dentales posteriores que presentan deterioros superficiales de moderada extensión. Por lo tanto, forma parte de la llamada odontología conservadora, ya que evita la extracción del diente dañado.
A medio camino entre el empaste y la corona, las incrustaciones dentales buscan rehabilitar el diente dañado tanto a nivel estético como funcional. Según sea su menor o mayor complejidad podemos hablar de incrustaciones Inlay, Onlay u Overlay.
El precio de la incrustación dental vendrá determinado por tres factores: su tamaño , la técnica empleada (directa, indirecta o semidirecta) y el material de relleno (metal, porcelana, resina, etc.).
El tiempo que dura una incrustación dental está condicionado por diversos aspectos, pudiendo llegar a durar entre 5 y 25 años. En esencia su durabilidad exacta vendrá determinada por dos variables:
El material empleado: por ejemplo, las incrustaciones dentales de porcelana pueden llegar a durar 10 años más que las de resina y estas, a su vez, resultan más resistentes que las de metal. Los hábitos del paciente: una correcta higiene dental alarga la vida de las incrustaciones dentales porque reduce el riesgo de sufrir caries. Por otra parte, el bruxismo o masticar alimentos excesivamente duros reducen su duración.
Los requisitos que determinan la idoneidad para someterse a un tratamiento de incrustación dental son los siguientes:
La pieza dental presenta deterioros de moderada extensión en su estructura debidos bien a una lesión cariosa, bien a un desgaste. Se excluyen, pues, los casos de daños estructurales masivos.
La pieza dental tiene una forma anatómica normal y su corona es lo bastante grande como para albergar la restauración. Este tratamiento está contraindicado en el caso de dientes que hayan sido previamente restaurados. El diente afectado no actúa como soporte para prótesis fijas o removibles.
Las incrustaciones dentales se desaconsejan en el caso de pacientes con una mala higiene bucal y/o propensos a sufrir caries.
La resina dental o composite es un material odontológico de relleno sintético que se utiliza para reconstruir la estructura de un diente dañado por caries, grietas o fisuras.
Este material de obturación es uno de los preferidos a la hora de realizar incrustaciones dentales. Su versatilidad y resistencia le ha valido imponerse sobre las amalgamas de plata.
Gracias a la resina dental, la pieza recupera no sólo su funcionalidad sino también su apariencia. Ello es debido a que este material tiene una tonalidad idéntica a la de los dientes, de modo que, una vez adherido a la superficie de estos, resulta visualmente indetectable.
Las resinas dentales están compuestas de una matriz orgánica polimérica y de un relleno inorgánico de origen mineral (zirconia, cuarzo, silicato de aluminio, etc.). El material empleado para este último componente será decisivo a la hora de saber el precio exacto del composite.
El tipo de resina dental también determinará su precio. Según la localización y extensión del daño a reparar, podemos utilizar resinas de microrelleno, macrorelleno, nanorelleno o híbridas.
En principio, las resinas dentales pueden cambiarse tantas veces como sea necesario. Eso sí, la pieza dental debe seguir reuniendo condiciones idóneas para ser rellenada con este material. Consecuentemente, si presentase daños demasiado profundos, sería necesario colocar una corona en vez de volver a realizar una incrustación.
La duración media de las resinas dentales oscila entre 5 y 7 años, siendo necesario reemplazarlas cuando se rompen, desgastan o cambian de color. Ciertos hábitos por parte del paciente pueden alargar la vida útil de este material (mantener una buena higiene bucodental, no fumar, no comer alimentos duros o pegajosos, etc.). Asimismo, se recomienda visitar periódicamente al dentista para revisar el estado en el que se encuentran las incrustaciones dentales. En 14-85 Dental Spa te ofrecemos soluciones avanzada con la mejor tecnología dental.